Alçava la mà la mona cap al cel:
-Quin nou torment t'he inflingit, estimada!
I com em sentiria descontent
de mi mateix, si no sabés que aquest
dolor t'alegra, perquè d'ell n'obtens
el plaer d'obligar-me, i jo n'extrec
un motiu per perseverar en l'esmena.
Trista sivella la de qui amb el mal
lliga l'amor, i no es pot plànyer de res
sinó d'aquesta invencible feblesa.
Sebastià Alzamora, de La Part Visible (Premi Carles Riba 2008)
viernes, abril 23, 2010
Digues bon mico
Digues bon mico,
com serveixes millor el desig:
amb el pit rosegat de gelosia,
picant de mans dins les cambres del goig,
o amb els dallons pelats de tanta infàmia?
Respongué que, de qualsevol manera,
el resultat ben poc diferiria,
atesa la rotunda incompatibilitat
que es dóna entre l'amor i la paciència.
Sebastià Alzamora, de La Part Visible (Premi Carles Riba 2008)
com serveixes millor el desig:
amb el pit rosegat de gelosia,
picant de mans dins les cambres del goig,
o amb els dallons pelats de tanta infàmia?
Respongué que, de qualsevol manera,
el resultat ben poc diferiria,
atesa la rotunda incompatibilitat
que es dóna entre l'amor i la paciència.
Sebastià Alzamora, de La Part Visible (Premi Carles Riba 2008)
lunes, marzo 22, 2010
Tard
Sovint arribem tard als records
i descobrim inconnexos per la memòria
besos com esqueixos de geranis vermells
que hem oblidat plantar.
De res serveix aleshores
refer el gest d'unes mans que hem estimat:
la desmemòria és un calaix obert
ple de guants desparionats.
Manel Forcano, De Nit
i descobrim inconnexos per la memòria
besos com esqueixos de geranis vermells
que hem oblidat plantar.
De res serveix aleshores
refer el gest d'unes mans que hem estimat:
la desmemòria és un calaix obert
ple de guants desparionats.
Manel Forcano, De Nit
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poesia catalana
Ocell
Com la forma rodona d'un niu,
el desig. Car potser demà ja no tindrem
les ales ni al bec
les roses.
Oblida l'espantaocells
que guardes clavat al fons dels ulls,
i a l'alba
canta.
Manel Forcano, De Nit
el desig. Car potser demà ja no tindrem
les ales ni al bec
les roses.
Oblida l'espantaocells
que guardes clavat al fons dels ulls,
i a l'alba
canta.
Manel Forcano, De Nit
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poesia catalana
sábado, marzo 20, 2010
SERENIDAD (Lectura de madrugada)
Serenidad, tú para el muerto,
que yo estoy vivo y pido lucha.
Otros habrá que te deseen:
ésos no saben lo que buscan.
Si se durmieran nuestras almas,
si las tuviéramos maduras
para mirar inconmovibles,
para aceptar sin amargura,
para no ver la vida en torno
apasionadamente nunca,
duros y fríos, como piedra
que sopla el viento y no la muda…
Almas claras. Ojos despiertos.
Oídos llenos de la música
del dolor. los dedos felices,
aunque los hieran las agudas
espinas. Todo el sabor agrio
de la vida, de la lengua.
“Nunca
podrás mojar tu pie en el río
en que ayer lo mojaste. Busca
la eternidad, vive en la alta
contemplación de su figura.”
Palabrería de los libros
de la que deja el alma turbia.
Serenidad que se nos vende
por librarnos de la tortura,
por llenarnos de sueño el alma
y rodeárnosla de bruma.
Serenidad, tú para el muerto.
El hombre es hombre, y no le asusta
saber que el viento que hoy canta
no volverá a cantarle nunca.
Serenidad, no te me entregues
ni te des nunca,
aunque te pida de rodillas
que me libertes de mi angustia.
Será que vivo sin saberlo
o que deserto de la lucha.
Tú no me escuches, no me eleves
hasta tu cumbre de luz única.
Palabrería de los libros
de la que deja el alma turbia.
Yo también me hago un poco libro,
me duermo el alma…
Luz difusa.
La madrugada se desgaja
agria y azul, como una fruta.
Cantan los pinos a lo lejos.
Un niño llora. las desnudas
mujeres y hombres silenciosos
salen despacio de las últimas
sombras. Los pájaros me esperan.
Se alzan las olas. (Me preguntan
por qué.) Campanas… (Ayer niebla,
hoy claro sol y luego lluvia…)
¿Por qué? Las hojas se estremecen…
Voy inundándome de música.
José Hierro
que yo estoy vivo y pido lucha.
Otros habrá que te deseen:
ésos no saben lo que buscan.
Si se durmieran nuestras almas,
si las tuviéramos maduras
para mirar inconmovibles,
para aceptar sin amargura,
para no ver la vida en torno
apasionadamente nunca,
duros y fríos, como piedra
que sopla el viento y no la muda…
Almas claras. Ojos despiertos.
Oídos llenos de la música
del dolor. los dedos felices,
aunque los hieran las agudas
espinas. Todo el sabor agrio
de la vida, de la lengua.
“Nunca
podrás mojar tu pie en el río
en que ayer lo mojaste. Busca
la eternidad, vive en la alta
contemplación de su figura.”
Palabrería de los libros
de la que deja el alma turbia.
Serenidad que se nos vende
por librarnos de la tortura,
por llenarnos de sueño el alma
y rodeárnosla de bruma.
Serenidad, tú para el muerto.
El hombre es hombre, y no le asusta
saber que el viento que hoy canta
no volverá a cantarle nunca.
Serenidad, no te me entregues
ni te des nunca,
aunque te pida de rodillas
que me libertes de mi angustia.
Será que vivo sin saberlo
o que deserto de la lucha.
Tú no me escuches, no me eleves
hasta tu cumbre de luz única.
Palabrería de los libros
de la que deja el alma turbia.
Yo también me hago un poco libro,
me duermo el alma…
Luz difusa.
La madrugada se desgaja
agria y azul, como una fruta.
Cantan los pinos a lo lejos.
Un niño llora. las desnudas
mujeres y hombres silenciosos
salen despacio de las últimas
sombras. Los pájaros me esperan.
Se alzan las olas. (Me preguntan
por qué.) Campanas… (Ayer niebla,
hoy claro sol y luego lluvia…)
¿Por qué? Las hojas se estremecen…
Voy inundándome de música.
José Hierro
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viernes, marzo 19, 2010
Celebración de la amistad/1
En los suburbios de La Habana, llaman al amigo mi tierra o mi sangre.
En Caracas, el amigo es mi pana o mi llave: pana por panadería, la fuente del buen pan para las hambres del alma; y llave por...
-Llave por llave- me dice Mario Benedetti.
Y me cuenta que cuando vivía en Buenos Aires, en los tiempos del terror, él llevaba cinco llaves ajenas en su llavero: cinco llaves, de cinco asas, de cinco amigos: las llaves que lo salvaron.
Eduardo Galeano, Libro de los abrazos
En Caracas, el amigo es mi pana o mi llave: pana por panadería, la fuente del buen pan para las hambres del alma; y llave por...
-Llave por llave- me dice Mario Benedetti.
Y me cuenta que cuando vivía en Buenos Aires, en los tiempos del terror, él llevaba cinco llaves ajenas en su llavero: cinco llaves, de cinco asas, de cinco amigos: las llaves que lo salvaron.
Eduardo Galeano, Libro de los abrazos
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Lunes
Pero después de todo, no sabemos
si las cosas no son mejor así,
escasas a propósito... Quizá,
quizá tienen razón los días laborables.
Tú y yo en este lugar, en esta zona
de luz apenas, entre la oficina
y la noche que viene, no sabemos.
O quizá, simplemente, estamos fatigados.
De «Compañeros de viaje», en Las personas del verbo, de Jaime Gil de Biedma.
si las cosas no son mejor así,
escasas a propósito... Quizá,
quizá tienen razón los días laborables.
Tú y yo en este lugar, en esta zona
de luz apenas, entre la oficina
y la noche que viene, no sabemos.
O quizá, simplemente, estamos fatigados.
De «Compañeros de viaje», en Las personas del verbo, de Jaime Gil de Biedma.
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